Hijo, estás castigado.
Me tumbe en la hierba y me quede dormido con él crepitar de las llamas y el calor que desprendía el suelo.
La casa estaba ardiendo, no me lo podía creer, el tejado se habia desplomado y habían dejado al descubierto las columnas ardientes, encendidas con una gran llama. Los cristales estaban hechos pedazos, la casa se tambaleaba como cansada de resistir.
Las cortinas estaban ardiendo y el fuego se extendía con gran rapidez por la habitación, el hecho de que todos los muebles estuvieran cubiertos por mantitas hechas con ganchillo favorecio a que las llamas se extendieran por toda la casa, en gran parte ayudado por las alfombras que adornaban el suelo. Las paredes de madera y las columnas no tardaron en apropiarse del hipnotizante fuego como si siempre hubieran deseado poseerlo.
Puse la cerilla ya encendida bajo la cortina, los hilos sueltos que tenia debajo ardieron y desaparecieron de mi vista en un instante, a la tela le costo arder pero tras varios intentos y siete cerillas gastadas el fuego cobro vida y comenzo a arrasar con la tela con facilidad.
Coloqué el taburete y, tras subirme a él, abrí el preciado cajón donde mi madre escondía las cerillas.
La casa estaba ardiendo, no me lo podía creer, el tejado se habia desplomado y habían dejado al descubierto las columnas ardientes, encendidas con una gran llama. Los cristales estaban hechos pedazos, la casa se tambaleaba como cansada de resistir.
Las cortinas estaban ardiendo y el fuego se extendía con gran rapidez por la habitación, el hecho de que todos los muebles estuvieran cubiertos por mantitas hechas con ganchillo favorecio a que las llamas se extendieran por toda la casa, en gran parte ayudado por las alfombras que adornaban el suelo. Las paredes de madera y las columnas no tardaron en apropiarse del hipnotizante fuego como si siempre hubieran deseado poseerlo.
Puse la cerilla ya encendida bajo la cortina, los hilos sueltos que tenia debajo ardieron y desaparecieron de mi vista en un instante, a la tela le costo arder pero tras varios intentos y siete cerillas gastadas el fuego cobro vida y comenzo a arrasar con la tela con facilidad.
Coloqué el taburete y, tras subirme a él, abrí el preciado cajón donde mi madre escondía las cerillas.
Maria Montessori - Si la ayuda y la salvación han de llegar sólo puede ser a través de los niños. porque los niños son los creadores de la humanidad.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario